EL BRILLO DE LA AUSENCIA
(Por primera vez las misteriosas luces de la noche, no significaban nada.)
Necesitaba sentir el frío en mi cara, antes de llegar a él y paso a paso inicié un camino hacia el vacío. Caminaba, lentamente, no quería llegar al punto de encuentro.
Es la noche de Madrid más fría que he vivido en la Latina.
Mis labios aún llegaron perfilados, el cabello se había despeinado al compás de cada golpe de aire. Las manos frías, me temblaban. Un nudo invisible se fijo en mi garganta y pensé, por algunos segundos, que me ahogaría. Y de vez en cuando me llegaba mi propia fragancia.
La sombra del teatro, se fijo en mi y me abrazo durante la breve y eterna espera.
Busque con la mirada y mientras mi vista se perdía entre las conversaciones de los caminantes, ensordecida por el temor, gire la cabeza hacia la derecha y estaba junto a mí: mirándome...
Lentamente nos reconocimos y sonreímos. Acaricio muy despacio mi cara y me dijo: “ Tu siempre estas a mi lado en la distancia, tan discreta, tan vital, tan acogedora... hoy necesito tu fuerza viva, mi niña”
Alargó su brazo para coger mi mano y paseamos por las calles llenas de gente, cómo si estuviésemos solos, cómo si fuésemos los únicos habitantes de la Latina.
Cuanta gente, cuantas vidas y cuanta muerte
No sabía dónde posar mi mirada para que descansase y fortaleciese. Mi boca permaneció cerrada y me fui transformando en dolor. Escuche segundo a segundo, palabra a palabra, mirada a mirada.
(No dejo de aprender: el laberinto de la vida, en ocasiones es desolador.
No comprendo al destino que me ha empujado a este singular rincón de la vida.
Soy una peregrina a la que la ruta le duele.
Necesito comprender, para aprender, para aceptar, para evolucionar.
Sé que si con esta dura lección no aprendo, se darán, de nuevo situaciones similares, tantas veces como sea necesario, hasta que definitivamente vea.
Debo aprender de la naturaleza de cada ciclo vital. (Este, quizá, sea el mensaje secreto de la vida)
Ante tanto dolor, su elocuencia comenzó a quedar en evidencia
Sentí la lluvia caer dentro de su corazón.
(Cuantas veces he negado una oración y mientras le escuchaba en esa noche fría en la Latina, recé al ritmo de su desgarradora voz, de sus cansados ojos.
Pedí tantas veces, a la vida....más vida....
Compartimos miradas y recuerdos. Compartimos tiempos de sueños. Compartimos algunas horas de incertidumbre, cervezas, experiencias, sonrisas...
Escuché su mirada, vi sus palabras, comprendí lo que nunca dijo, sentí su profundo dolor. Y me acerco hasta el valor de la última realidad
Mientras observaba, el movimiento lento de sus manos, él tomó las mías. ( Sé que es una despedida y no quiero separarme.)
No quiero seguir escuchando sus argumentos envolventes. Morir no es nada excepcional, lo haremos todos. “Quiero morir como un caballero”, decía. Ha decidido marcharse. Se irá para siempre y sólo él sabe cuando.
No quiero despedirme, sin decir hasta mañana.
“Esta experiencia es vital y te hará más fuerte, guerrera. Ahora estaremos más cerca que nunca. Nuestras mentes se llamaran y conversaran. Siempre sabrás donde estoy, porque estaré a tu lado. Siempre a tu lado”
(He reflexionado, una vez más, y sé que somos meros transeúntes y que respirar aquí y ahora es todo un lujo transitorio.)
(La libertad absoluta no existe, pero si la posibilidad de elegir y la vida no vale nada si decidimos no vivirla... disfrutarla. (He aprendido a decir te quiero, te echo de menos, perdón... porque ante una tumba, no tiene ningún sentido)
Durante unos instantes deje de escuchar y la vida transcurrió ante mí, en planos cortos, pero a larga distancia y a un paso de la muerte.
Cuando le mire, por última vez, a los ojos vi el brillo de la ausencia. ( No quiero despedirme, sin decir hasta mañana)
Sin más remedio, la última verdad que le queda es la muerte y ha de prepara sus funerales, cómo si de un esperpento se tratase.
“Estoy sólo ante mi viaje. Pero estoy contigo más que nunca, estas compartiendo conmigo, el último momento”.
Unimos las manos, nos miramos a los ojos por última vez. y nos abandonamos el uno al otro.
No quiero despedirme, sin decir hasta mañana
Ahora siento el brillo de la ausencia.
La Latina
11.2.2007
22.45 h.
(Por primera vez las misteriosas luces de la noche, no significaban nada.)
Necesitaba sentir el frío en mi cara, antes de llegar a él y paso a paso inicié un camino hacia el vacío. Caminaba, lentamente, no quería llegar al punto de encuentro.
Es la noche de Madrid más fría que he vivido en la Latina.
Mis labios aún llegaron perfilados, el cabello se había despeinado al compás de cada golpe de aire. Las manos frías, me temblaban. Un nudo invisible se fijo en mi garganta y pensé, por algunos segundos, que me ahogaría. Y de vez en cuando me llegaba mi propia fragancia.
La sombra del teatro, se fijo en mi y me abrazo durante la breve y eterna espera.
Busque con la mirada y mientras mi vista se perdía entre las conversaciones de los caminantes, ensordecida por el temor, gire la cabeza hacia la derecha y estaba junto a mí: mirándome...
Lentamente nos reconocimos y sonreímos. Acaricio muy despacio mi cara y me dijo: “ Tu siempre estas a mi lado en la distancia, tan discreta, tan vital, tan acogedora... hoy necesito tu fuerza viva, mi niña”
Alargó su brazo para coger mi mano y paseamos por las calles llenas de gente, cómo si estuviésemos solos, cómo si fuésemos los únicos habitantes de la Latina.
Cuanta gente, cuantas vidas y cuanta muerte
No sabía dónde posar mi mirada para que descansase y fortaleciese. Mi boca permaneció cerrada y me fui transformando en dolor. Escuche segundo a segundo, palabra a palabra, mirada a mirada.
(No dejo de aprender: el laberinto de la vida, en ocasiones es desolador.
No comprendo al destino que me ha empujado a este singular rincón de la vida.
Soy una peregrina a la que la ruta le duele.
Necesito comprender, para aprender, para aceptar, para evolucionar.
Sé que si con esta dura lección no aprendo, se darán, de nuevo situaciones similares, tantas veces como sea necesario, hasta que definitivamente vea.
Debo aprender de la naturaleza de cada ciclo vital. (Este, quizá, sea el mensaje secreto de la vida)
Ante tanto dolor, su elocuencia comenzó a quedar en evidencia
Sentí la lluvia caer dentro de su corazón.
(Cuantas veces he negado una oración y mientras le escuchaba en esa noche fría en la Latina, recé al ritmo de su desgarradora voz, de sus cansados ojos.
Pedí tantas veces, a la vida....más vida....
Compartimos miradas y recuerdos. Compartimos tiempos de sueños. Compartimos algunas horas de incertidumbre, cervezas, experiencias, sonrisas...
Escuché su mirada, vi sus palabras, comprendí lo que nunca dijo, sentí su profundo dolor. Y me acerco hasta el valor de la última realidad
Mientras observaba, el movimiento lento de sus manos, él tomó las mías. ( Sé que es una despedida y no quiero separarme.)
No quiero seguir escuchando sus argumentos envolventes. Morir no es nada excepcional, lo haremos todos. “Quiero morir como un caballero”, decía. Ha decidido marcharse. Se irá para siempre y sólo él sabe cuando.
No quiero despedirme, sin decir hasta mañana.
“Esta experiencia es vital y te hará más fuerte, guerrera. Ahora estaremos más cerca que nunca. Nuestras mentes se llamaran y conversaran. Siempre sabrás donde estoy, porque estaré a tu lado. Siempre a tu lado”
(He reflexionado, una vez más, y sé que somos meros transeúntes y que respirar aquí y ahora es todo un lujo transitorio.)
(La libertad absoluta no existe, pero si la posibilidad de elegir y la vida no vale nada si decidimos no vivirla... disfrutarla. (He aprendido a decir te quiero, te echo de menos, perdón... porque ante una tumba, no tiene ningún sentido)
Durante unos instantes deje de escuchar y la vida transcurrió ante mí, en planos cortos, pero a larga distancia y a un paso de la muerte.
Cuando le mire, por última vez, a los ojos vi el brillo de la ausencia. ( No quiero despedirme, sin decir hasta mañana)
Sin más remedio, la última verdad que le queda es la muerte y ha de prepara sus funerales, cómo si de un esperpento se tratase.
“Estoy sólo ante mi viaje. Pero estoy contigo más que nunca, estas compartiendo conmigo, el último momento”.
Unimos las manos, nos miramos a los ojos por última vez. y nos abandonamos el uno al otro.
No quiero despedirme, sin decir hasta mañana
Ahora siento el brillo de la ausencia.
La Latina
11.2.2007
22.45 h.